domingo, 10 de julio de 2011

La muerte me está siguiendo...



"La muerte me está siguiendo desde el día en que nací, pero va a costarle mucho interrumpir mi vivir"

Y vaya que le costó, Facundo Cabral debería haber muerto en los '70, cuando en una solitaria carretera del oeste norteamericano atropelló a un zorro y se salvó tras meses de agonía, o quizás si no hubiera tenido que abandonar el avión donde perdieron la vida su mujer e hija.

Autorescato una carta a una amiga, tan amante de Cabral como yo:

26/01/2007

Hola Luji, tenía que explicarte mejor lo de Facundo Cabral, es que el pecho se me infla de orgullo al recordar nuestra única charla, en Montevideo, hace ya 19!!! años.

Tres veces fui a ver sus recitales allí (donde viví durante 16 años), y a la primera salí totalmente convencido de que era el Mesías (recién luego me enteraría de que el Mesías es en realidad Donald Shimoda).

A la segunda, la de esta foto...

solo tuvimos tiempo de intercambiar dos o tres palabras.

Pero a la tercera, lo agarré en el camarín, solo, y quedamos para el día siguiente, lunes, reunirnos en el hotel para una entrevista televisiva (en esa época yo trabajaba en TV).

Pero todo era excusa, no encontré camarógrafo para un lunes, y el nombre Facundo Cabral no era tan importante como inmediatamente después de su exilio.

Cuando llegué al hotel el hombre estaba insultando a su manager por teléfono. Lo estaba mandando a la mismísima mierda!!, un tal San Martín; me senté y pedí un café en el bar mientras pensaba "Dios es mas grosero de lo que dicen", lo miraba sin entender y lo esperé.

Colgó el teléfono, de esos de pared.
-Hey Facundo- le dije levantándome.

Se acercó, se sentó a la mesa y siguió en el rollo de la discusión que acababa de terminar, pero ahora explicándomela a mí, que no le daban lo que le habían prometido, que al fin se quedaría solo con el 12% de las ganancias, que dinero, que intereses, que porcentajes...

Y yo pensaba "Dios es mas materialista de lo que me enseñaron".

Finalmente me cansó, le paré el carro, le corté el rollo, o como se diga y logré, no recuerdo con que palabras que me hablara un poquito de espiritualidad.

Al final, nunca hablamos de la supuesta entrevista, pero nos tomamos juntos unos cafés, y le dije:

-Vos me tenés que pasar tu dirección en Buenos Aires- e inmediatamente me dió una tarjeta.
-Pero esta es la tarjeta de tu productora- le dije.
-Si- contestó.
-No Facundo, yo si voy a visitarte debería quedarme en tu casa, vos me tenés que alojar- dije, sin miedo y recordando sus propias enseñanzas.

Entonces tomó una servilleta y escribió desprolijamente una dirección.
-Yo no tengo casa en Buenos Aires -dijo-, esta es la dirección de la casa de mi madre, cuando estoy en Argentina me quedo ahí, pero si no estoy no importa, andá tranquilo que ella siempre tiene lugar.

Y entonces, tras alguna palmadita en el hombro de parte de los dos, nunca lo volví a ver.

Si hubiera tenido el dinero hubiera cruzado el charco para llegar a esa casa que bien sabés le costó tanto comprar para su madre. Eran épocas difíciles económicamente para mí y también tenía algunas otras prioridades, pero aunque la servilleta se perdió en alguna mudanza y no memoricé el número, cada vez que escucho la palabra Talcahuano, recuerdo la calle de la casa de Sara.

Un besote grande.
Dieter.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sólo tres frases suyas:

"No te quejes, recuerda que naciste desnudo, entonces ese pantalón y esa camisa que llevas ya son ganancia. Cuida el presente porque en él vivirás el resto de tu vida."

"No digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor y te lo recordará cada vez que lo intentes".

"No perdiste a nadie, el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón".

Hasta pronto Facundo.